lunes, 8 de julio de 2013

Mañana (08.07.13)

CC-BY Candy Tale @ Flickr

Carolina se miró en el espejo del baño. No había nada extraño con ella, veía a una chica de 18 años con los ojos un poquitín separados pero común y corriente.  

- "No me cambiarán. No señor, sigo siendo yo misma."

Entonces percibió el olor ácrido y el siseo sigiloso de mil patas. 

Suspiró. Apretó el marco del espejo contra la pared y por lo menos un ciento de cucarachas pequeñas salieron huyendo hacia el orificio, coladera o rendija más cercano.  

- "Bueno, quizás ustedes si lo hagan." 

Presionó con la palma abierta unas dos o tres veces más el espejo en diferentes puntos para oírlas tronar. Ya se había resignado a que no podría ganarles la guerra (ellas eran demasiadas), pero causaría todas las bajas que le fuera posible. 



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