lunes, 15 de julio de 2013

Riley (15.03.13)

CC-BY Candy Tale @ Flickr
Es curioso que la separación no le diera tanta angustia.  Riley creía que iba a ser peor, que extrañarla sería brutal, como dejar de golpe una adicción. Sin embargo, fue más difícil ajustarse a una rutina nueva que sentir dolor. ¿De verdad había sido el amor de su vida? Ahora ya no le parecía . Extraño es el corazón . . . 

Lo que él no sabía es que durante la noche soñaba las palabras que ella le escribía durante el día. Palabras que además ella nunca se atrevía a enviarle y quemaba al terminar en la estufa. 

Ella sí lo pasaba muy mal, desde la primera noche. Las cartas que le escribía empezaban siendo una disculpa y terminaban siendo una recriminación, o a veces era al revés. A veces llevaban un poco de amenaza de un poco de venganza, pero también un poco de recuerdos, y estos siempre eran muy buenos. Lo malo es que la realidad terminaba asomándose y terminaba mejor prendiendo la estufa de gas y dejando que todo se volviera cenizas, de nuevo.   


El se levantaba y no recordaba nada,  pero la herida que debería haberse abierto y permanecía parcialmente cauterizada por las palabras escritas el día anterior.

Hasta el día que ella decidió parar (decidió que le hacía demasiado daño escribir palabras agridulces para después destruirlas - lo que fue jamás volvería). Mejor así, dejárselo al tiempo.  

Ese día él se despertó empapado en sudor, con una fuerte opresión en el pecho. Se dio cuenta que había pasado más de un año y que recibía la carga de dolor completa que le correspondía. Y buscó el efecto calmante del quizás, de premoniciones o posibilidades infinitas de aquello que pudo ser, pero podría también ser. 

Quiso volver atrás, recuperar el año y no vivir de golpe aquella herida monstruosa. Salió a la calle y buscó una banca en un parque, trató de controlarse un poco

¿Si pudiera volver atrás cambiaría algo? No. Cambiar cualquier cosa significaría arriesgarse a que lo mucho que tuvo y lo poco que le quedó se diluyera.

Se preguntó ¿donde estaría ella ahora? 

El tiempo había corrido, ella no se estaba quieta en un sólo sitio, el tampoco lo hacía. Las inmensas posibilidades espaciales, temporales y metafísicas eran un reto pero no podría hacer otra cosa que intentarlo. 

Volver al hogar sería la tarea que lo salvaría, donde quiera que tuviera que construirlo. 

"El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir." 
- Milan Kundera, La insoportable levedad del ser. 




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