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| CC-BY Candy Tale @ Flickr |
Llevo arrastrando una maleta que no debo abrir hasta llegar a mi destino: una casa abandonada en el centro del bosque. No siento el piso bajo mis pies. Es parte del engaño de este lugar.
Por fin llego a la casa, el lugar está lleno de rockstars muertos. Está Jim Morrison, y Hendrix, y Janis, y también Bob Marley, Joey Ramone, Kurt Cobain y Cliff Burton, todos están aquí y tienen una fiesta increíble. Pero no puedo perder tiempo, paso entre Elvis y Shannon Hoon y pongo la maleta sobre la mesa de la cocina.
Cuando la abro lo que me rodea se diluye hasta que me encuentro en un desierto africano y es de día. Corro lo más rápido que puedo en la arena.
Alcanzo a llegar al templo justo a tiempo, los leones que me seguían no atraviesan sus arcos. Desde ese punto alto contemplo el desierto y veo que no está formado sólo por dunas. Hay listones con ojos, serpientes blancas, animales increíbles se forman en la arena y se desvanecen constantemente.
Empiezo a buscar entre las ruinas, busco la oferta para quedarme o tendré pronto que salir donde los leones me esperan relamiéndose los bigotes, pero en su lugar encuentro una galleta de la fertilidad (que parece a ojos inexpertos sólo una galleta de la suerte). Aunque imagino cual es el resultado, la como y empiezo a tener premoniciones aunque no son muy claras.
Cuando finalmente las imágenes dejan de girar en mi mente, me encuentro en el suelo en la entrada al bosque. No puedo recordar muy bien lo que vi, pero lo intentaré de nuevo. Esta noche.

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