La leyenda dice mucho tiempo atrás existió una mujer joven, una mujer lobo. Su cabello brillaba cambiando de tono a la luz de la luna, como el tornasol. Esta mujer tenía un hijo pequeño.
Su esposo no pertenecía a la tribu del lobo y estaba celoso del respeto que todos sentían por su mujer. Una noche después de soportar los insultos y amenazas de su esposo, la tristeza llenó el corazón de la mujer y mientras veía la luna llena añoró volver a correr por el bosque con sus hermanas, como lo hacía antes de conocer a su marido.
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| CC-BY Eneas de Troya @ Flickr |
Era un sueño imposible porque nunca podría abandonar al niño, el pequeñito no podía transformarse en lobo y no podía seguirla. Abrazó a su hijo y en cuanto cuando cerró los ojos se despertó dentro de su sueño convertida en loba.
Su hijo acurrucado entre su pelaje también despertó dentro del sueño y le pidió, sin usar palabras porque era muy pequeño para conocerlas, que lo llevara a conocer a su familia.
Ella empezó a correr por el bosque con el niño agarrado del pelo de su lomo, cruzando entre árboles y maleza con gran agilidad hasta llegar a un claro donde encontró a una loba esperándola. Era su hermana mayor.
Después de lamer a su sobrino, por quien sintió gran cariño en cuanto lo reconoció le preguntó a su hermana que tristeza o alegría la había llamado a ese lugar. La madre recordó que al amanecer tendría que regresar a una vida de maltratos y no quiso hablar de tristezas cuando la alegría del encuentro era tan grande y solo dijo a su hermana: déjalo ser por ahora, déjanos ser felices aquí y ahora.
La tía loba se quedó en silencio durante unos minutos, y dijo a su hermana que otros deseaban verla y debían ir antes que amaneciera cuando la magia del sueño terminara.
La vegetación comenzó a desaparecer bajo sus pies. Del paisaje desaparecieron los árboles y la luna, sólo quedaba la noche negra con un cielo lleno de estrellas sobre un suelo duro. Y en todas direcciones más lobas se acercaban. Eran el resto de sus hermanas y sus pelajes cambiaban a escamas y a plumas y a pelo nuevamente y brillaba en tonos tornasolados bajo la luz de las estrellas. Cuando estuvieron juntas se fueron transformando en mujeres pero la su piel seguía recubierta por escamas o plumas o pelo tornasolado.
Las hermanas estaban felices de conocer a su sobrino. Ellas difícilmente tenían hijos viviendo en estado salvaje, sólo hijas.
Las hermanas hacen una fogata aunque no había madera ni hojas secas. Y cantaron historias muy antiguas, de los viejos días del lobo y fueron tantas que la luna volvió a tomar su lugar en el cielo para
escucharlas.
El fuego se extinguió justo cuando la mañana llegaba, las mujeres vuelven a transformarse en lobas y la hermana mayor dice a la pequeña: hoy se te cumplirá tu deseo más profundo pero debes de escoger si es
el deseo de la loba o el de la mujer.
La joven madre despertó en su casa, con su hijo al lado de ella. Corrió a la cama de su esposo y donde debería haber estado durmiendo el hombre encontró cenizas y entre ellas una capa de pelaje, plumas y
escamas tornasoladas.
La gente en el pueblo nunca pensó más en el hombre, o no lo recordaban o pensaban que los habría abandonado, y se alegraron por ella y su hijo y cuidaron de ella a cambio de su consejo. Fue muy querida entre su pueblo adoptivo durante el resto de su vida. Las noches de luna nueva, el niño a vestía la capa y juntos corrían por el bosque transformados en lobos y cuando fue mayor, la única pregunta que nunca
le contestó fue si este prodigio lo hizo la mujer o la loba.

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