miércoles, 10 de julio de 2013

De brujas y niñas (9.07.13)

De un sueño del 2 de Noviembre del 2012.

CC-BY Candy Tale @ Flickr
Es la hora más profunda de la noche y se fue la luz, incluso la iluminación pública no funciona. La ciudad está en silencio ¡Por fin! 

Despierto a mi hija. Ella refunfuña un poco pero la convenzo diciéndole que después vamos a comer chocolates. La visto rápidamente con la ropita que encuentro más a la mano. Ella dice que quiere su vestido morado y casi empieza un berrinche así que lo busco y se lo pongo.

Bajamos por el elevador, con ella en mis brazos y  platicándole cuentos en susurros. No quiero despertar a nadie.

Cuando salimos, no alcanzamos a ver nada, pero para ir al parque sólo hay que cruzar la calle.  Ahí, una vez que se han acostumbrado tus ojos a la penumbra puedes distinguir las formas. Afuera es imposible, los edificios altos en calles estrechas bloquean toda la luz de la luna.

Caminamos dentro. Llegamos a un monumento en el centro del parque. Es  piramidal con cuatro caras alargadas y truncas y está  oscurecido por hollín. Hay un busto encima que ve hacia el centro del parque. Creo recordar que es un héroe patrio pero me parece muy siniestro para serlo, me parece que tiene el rostro de un dios o un demonio.  Damos la vuelta para pararnos frente a él. 

Mi hija está muy asustada y quiere irse pero por instinto no hace ruido y solo se aferra a mi. Quizás con dos años es demasiado pronto para ella, pero nunca se sabe si mañana estaré ahí para enseñarle el lugar y quiero que no tenga miedo para que pueda utilizarlo si lo necesita. Y no siempre funciona, sólo cuando es de noche, y en ciertos días, como hoy que es día de muertos, y a veces además se necesitan ciertas fases de la luna. Es todo un rollo. 

Frente al busto digo algunas palabras sin sentido, mezcla de encantamiento y mantra. No voy a hacer todavía el Ritual, sólo estoy recordando las palabras y mostrándoselas a mi hija.  

Detrás de nosotros, hacia donde ve el rostro de la estatua hay otro pasillo central y principal que cruza el parque. Puedo sentir como cambia, y se crean desniveles con escalones de tierra y techos con cúpulas hechas de árboles y oscuridad. Es algo que no me esperaba, pero en estas noches siempre hay sorpresas. 

Vamos hacia allí y mi hija se aprieta más contra mi. Llego a un descanso, que tiene puertas orientales antiguas abiertas de par en par (quizás estoy en el jardín del León de Jade de nuevo). Dan acceso a cuatro escalones que suben a otro descanso cubierto con una cúpula, y frente a mi sigue el parque, en otra realidad superpuesta. El nuevo descanso parece más amplio que el corredor del parque y siento curiosidad para ir. A mis espaldas percibo el movimiento de criaturas entre las sombras.

- "Vámonos a dormir, corazón." Y mi hija asiente con la cabecita. 

Después de unos minutos, mi hija está en su cama durmiendo y yo estoy entrando sola al parque y me encuentro con un compañero de trabajo. Este compañero de trabajo pone el brazo alrededor de mi espalda y caminamos juntos, me pide que por favor haga un ritual.

Yo accedo, aunque no tengo ganas. 

(Odio que se metan los compañeros de trabajo en mis sueños, me los echan a perder).

Caminamos hacia el centro del parque, hasta llegar al cuarto de cantera.  Frente a mi hay un bote de metal que tiene fuego, que apenas ilumina la noche densa.  Voy a hacer el ritual pero ahora veo que hay indigentes dormidos o peleando entre sí y basura tirada (botellas de plástico y latas y papeles.) Todo esto me distrae, y no tengo ganas de seguir, pero mi acompañante me lo vuelve a pedir.

"Okey, lo haré" -, le digo y pienso en mi hija, quisiera mejor estar con ella y abrazarla.

Empiezo a decir las palabras frente al fuego y con una madera puntiaguda me pincho la palma de la mano, y se abre una pequeña herida de la que no sale casi nada de sangre. Esto es un problema, se necesitan gotas de sangre para hacer el Ritual, de preferencia gordas y oscuras. 

Vuelvo a pincharme más fuerte y empiezo a decir nombres, pero estoy distraída y no puedo recordar bien las palabras.

– "Un momento.  Voy a empezar de nuevo".   Y cierro los ojos.

Empiezo a recitar los nombres de nuevo y por cada nombre que digo me pincho la mano y el antebrazo para sacar una gota de sangre. Una gota de sangre por cada nombre. Algunos dueños de esos nombres tendrán buena fortuna y otros la pasarán mal. No soy yo la que decide a quien le va a ir bien y a quien le va a ir mal, eso ya está escrito, yo sólo les doy impulso para que cambien al mundo.  

No hay muchas personas que puedan hacer lo que yo hago, y es una pena, porque es muy necesario, pero cuando regreso al edificio de departamentos donde voy a pasar el resto de la noche me siento rara e incómoda con todo. Cómo cuando vuelves a un lugar de tu niñez que recordabas maravilloso y te das cuenta que está en muy malas condiciones o que simplemente no es como vive en tus recuerdos.  Así me siento ahora con el Ritual.

Tengo sueño, beso a mi hija y me voy a la cama. 


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