Nadie sabe todavía cómo se originó la “enfermedad”, hay algunas teorías de cómo se contagia pero inciertas.
Yo fui de los primeros casos, vamos quizás el caso cero, porque cuando sucedió nadie creía que me pasara algo enserio. La “enfermedad” me la achacaron a mis nervios, al estrés. Son las causas más comunes.
Bueno, ¡que les den! aquí estoy todavía, no como muchos después de mi y tengo mis teorías. Pero empecemos por el principio, sencillamente llegué una madrugada después de una buena parranda y no me pude dormir.
Bueno, ya vamos de nuevo a repetir esta historia. Era un viernes, salí a un bar, sola, con ganas de cogerme a alguien guapo (si, soy de esas ¿y qué?). Anduve de un lugar a otro, encontrándome de vez en cuando con algunos que ya conozco, pero ninguno me gustaba. Fui a un bar de moda (conozco a los de la puerta), fue al bar gótico (conozco al bartender), fui al étnico-lounge e incluso fui a uno donde tocaban reaggeton que ni me gusta.
No había nada que me convenciera, al final coquetee con varios, bese a dos pero me parecían sosos así que los dejaba a los pocos minutos.
Regresé a mi departamento a eso de las 5 de la mañana y me preparé una leche con chocolate (tenía horas de whisky y Red Bull en el estómago) y me metí a la cama. Me puse a ver una película en blanco y negro y en francés y pensé que me quedaría dormida a los cinco minutos, pero no me daba sueño. Pensé que era el Red Bull. Vi el programa de compras por televisión que le seguía y tampoco pasó nada y después le apagué y me puse a limpiar la cocina.
Me empecé a preocupar porque había muchas cosas por hacer y no podría dormirme después. Había prometido a mi hermana ayudarle a vender sus cosas en una venta de garaje. Quería mejorar mi relación con ella y no quería dormirme mientras me contaba los últimos eventos de su vida o que me descubriera dando mal los precios.
Pero fui a la venta y se me cansaron solo los pies. Nada de dormir.
Me parecía fabuloso, pero llegó la noche y pensé que no saldría que ahora sí estaría muy cansada. Pero no me dio sueño, y a eso de las doce me salí pues estaba aburrida de vender baratijas y de estar acostada mirando el techo esperando a Mr. Morfeo.
Fui a un bar, el cual no recuerdo como se llama y ni siquiera en que parte de la ciudad está, pero ahora sí encontré a alguien que me gustaba y me lo cogí en el baño de mujeres. El sexo fue muy bueno y pensé “Ahora sí, voy a dormir como bebe durante muchas horas. Qué bueno que mañana es domingo.” Le di un beso a mi amante guapo y me fui a mi departamento. Al verlo supe que el también dormiría muy bien hoy, pues se le cerraban los párpados (¿lo agoté tanto? Vaya, soy buena).
Pero después de que no pasaba nada en mi tercera noche de vigilia me empecé a asustar, y decidí ir al doctor. Me daba miedo que en la mañana que fuera al doctor me encontrarían cáncer en el cerebro y me moriría en un par de meses después.
El doctor que consulté me dijo que dejara el café y que me tomara las cosas más tranquilamente, que seguro era estrés. No sabía que tenía y ¡malditos sean, médicos huevones! odio que siempre culpen al estrés y la ansiedad.
Me dio una receta de píldoras que me ayudarían a dormir y el único efecto que tuvieron fue darme diarrea. Al día siguiente volví a verlo y después de explicarle que no había pegado el ojo, me pidió que me hiciera unos estudios.
Mientras tanto, en el trabajo mis compañeras me preguntaron si estaba haciendo una dieta nueva. “Estas poniéndote super bien, ¿empezaste una nueva dieta?”. Hay si “chapis”, brujas hipócritas envidiosas si tuviera una dieta nueva no se las daba ni aunque pagaran por ella.
Pero tenían razón, debí haber perdido unos cinco o seis kilos porque mis vestidos me quedaban demasiado flojos. ¡Demonios, si tengo cáncer en el cerebro! pensé. Y me la pasé angustiada la semana que se tardaron en tener mis resultados.
Cuando regresé con el doctor dijo que no había causa física para mi “insomnio” y me recomendó a un psicólogo que conocía. (Maldito chocho, ya me había cobrado lo que podía permitirme gastar en doctores y estudios en este año.) Me recomendó “descansar” y comer saludablemente. Le grité, "¡Fui con usted porque precisamente no puedo descansar, si yo sola pudiera hacerlo no estaría perdiendo mi tiempo y dinero!" Me fui furiosa. Supongo que también a causa de no dormir estaba irritada, pobre de los que me rodeaban, le grité y maltraté a varias personas por las razones más ridículas, como tropezarse en mi camino.
Con el último dinero que podía permitirme, sin dejar de pagar la renta o de comer fui a la acupuntura. No sirvió de nada.
Pasé las noches restantes trabajando en los diseños para la agencia de mercadotecnia que me empleaba (cómo profesional independiente, sin prestaciones, mugres codos), Pero necesitaba mantener mi mente alejada de la idea del cáncer y más dinero para mi futura probable quimioterapia - Je, no lo lograba.
Y bueno, entregué el trabajo tres veces más rápido y con mejore resultados que nunca. Me pagaron bien y me ofrecieron más proyectos de los que normalmente llevo a la vez. Los acepté sin pensarlo mucho, tenía demasiadas cosas en la cabeza.
La falta de sueños me estaba afectando. No el “no dormir”, sino el “no soñar”. Mi cabeza estaba llena de ideas exageradas sobre todo, sobre la gente que conozco, sobre mis jefes, sobre mi familia. Estaba paranoica y en un estado de agresividad extrema y constante. Empecé a pensar en consultar al psicólogo. No mejor buscaría un psiquiatra en la sección amarilla, uno que pudiera recetar pastillas bien fuertes. Pero tenía que esperar a fin de mes, cuando me pagaran.
Conseguí un poco de mota con el vecino de abajo, y me la fumé. Me relajé durante aproximadamente dos minutos y el efecto se fue. Aun no dormía nada, y decidí terminar los dos proyectos que me habían dado el jueves anterior para que me pagaran el próximo lunes y poder ir a otro doctor, y al psiquiatra si fuera necesario.
Primera parte de varias.
Sobre un sueño y una idea que me rondaban la cabeza por el 28/06/09.