sábado, 16 de noviembre de 2013

La isla (16.11.13)

CC-BY Candy Tale @ Flickr
Entro a una bodega y encuentro a mis compañeros. Están subiendo a las motocicletas de cuatro ruedas de servicio de la facultad. Morena me sonríe y yo le sonrío de vuelta. Antes que pueda preguntarle como las consiguieron, me dice que encerraron a los chicos en un locker de servicio y que están bien aunque enojados.

Me dice que suba atrás, que van a hacer un reconocimiento del terreno y si pueden investigar que es lo que está sucediendo en el centro.

Me bajo unas calles antes de las barricadas. No se ve nada bien. Quiero ver la situación en que nos metemos antes de hacer nada así que voy a ir yo solo. Le pido a Morena que no vayan más allá y que permanezcan escondidos hasta que yo regrese.

Me uno a un grupo de estudiantes que de otro de los edificios del Colegio, sus uniformes son de color azul marino intenso y camisas blancas, sin una mancha. Caminan sin miedo. Me pregunto a que facultad pertenecen.

Llegamos a un edificio que debía haber sido un restaurante lujoso en mejores tiempos, pero ahora su piso y sus acabados de madera estaban gastados y rayados. Hay  guardias en la puerta haciéndonos entrar.  Vi a mis antiguos compañeros y fui con ellos, estaba contento de verlos de nuevo, pero cuando llegué Ella me reprochó:

-  "¿Qué estás haciendo, por que llevas esos andrajos?"

 - "Ahora son mi uniforme . . . " -  y traté de decirle que era importante que escuchara mi plan pero Ella me  interrumpió:

- "Pero ahora que estas de vuelta, puedes dejarlo y vestir el nuestro. Estás aquí con nosotros, y ya no tienes porqué juntarte con ellos."

Volteé a ver a donde apuntaba con su dedo y por la ventana que daba a la calle vi que a varios metros Morena y mis nuevos compañeros de facultad eran escoltados por guardias armados, probablemente nos habían seguido desde que tomamos las motos. Vi la ropa que llevaban y después me fijé en la falda roja a cuadros de Ella y su camisa blanca bien planchada y nunca me sentí mejor acerca de nuestro uniforme, decolorado y desgastado por el trabajo. Comprendí lo mucho que la Educación en las otras Facultades había deformado el sentido común de gente buena e inteligente.

Vi al frente y en el podio estaba el director. Los ángeles estaban al frente de su sección  detrás de él protegiéndolo como guardaespaldas, y más atrás estaban los Jinetes, sentados todos ellos en bancos altos, sobresalían del resto de las cabezas,  enormes y peligrosos. Empecé a hablar, porque no iba a aceptar lo que estaban haciendo, sin embargo fui amable:  

-  "Buenos días, director. Tengo el placer de conocer a tres de los caballeros jinetes, no había tenido el gusto de conocer al cuarto," –  incliné la cabeza a forma de saludo y el enorme ser de roca y metal me devolvió el saludo de la misma forma y con una sonrisa, parecía agradecer mi educación aunque probablemente intentaríamos matarnos en pocos minutos. Después de todo a diferencia de Fuego, Aire y Agua, no había peleado nunca con Piedra (con los otros tres sí y vaya que lo recordaban. Me miraban con furia y codicia).  Continué – "¿Podría explicarme que pretende con reunirnos aquí?"

-  "Muchacho, tenías que haberlo sabido, lo que hacías no podía durar siempre. Las cosas deben volver a la normalidad y bueno, si no lo aceptas lo siento pero tendrás que irte."  – Ese irte no sonaba a que me dejarían subir a mi cuarto a empacar y tomar el ferry a la ciudad.

- "Director, siento que esto tenga que llegar a esto, usted bien sabe que no puedo dejarlo hacerle esto al colegio y a mis amigos y a todos los que estamos en esta isla."

- "¡PERO CON QUE ORGULLO HABLAS! TE HAS CREÍDO DE VERDAD QUE ERES TAN ESPECIAL, QUE TE DA DERECHO A DECIDIR SOBRE LO QUE SE HACE O NO EN ESTE LUGAR, LA ISLA PERTENECE AL COLEGIO Y EL COLEGIO NO ES TUYO . . ."

Un estruendo enorme, vidrios que se rompen y un rugido de dolor interrumpen al director. Es un león alado al que los guardias están disparando y que ha entrado por la ventana. La gente empieza a gritar y tratar de salir por donde puedan. Los leones alados son tres veces más grandes que un león convencional de tierra firme y muy difíciles de matar con armas de fuego. Sin embargo el pobre animal siente cada herida de bala y estaba asustado tratando de atacar cualquier cosa que estuviera al alcance de sus garras.

No podía ayudarlo así, no podría acercarme sin que me hiciera trizas. Tenía que aprovechar la oportunidad y huir y dejar que los guardias lo mataran. Había perdido esta vez. Era una emoción terrible, la impotencia de salvarlo y huir a costa suya.

Salté por la ventana y corrí. Antes de perderles de vista, vi que mis nuevos compañeros habían escapado también. Los guardias estaban todos ocupados con el león. Teníamos que escondernos.

Después de varias horas nos reunimos nuevamente. Sabía que irían al origen, entre las calles donde habíamos hecho las primeras investigaciones y experimentos que estaban abandonadas desde hace tiempo. Es el lugar donde esta rebelión comenzó, fuimos ahí porque era importante para todos nosotros y porque a nadie más se le ocurriría buscarnos.

Aquella vez, yo los había encontrado por pura suerte, me había perdido. A esta Facultad nunca se le ponía atención, los profesores miraban con desdén sus trabajos, ni siquiera se molestaban en revisarlos y evaluarlos, simplemente ponían un "Suficiente". En la calle, si las otra facultades los miraban había sido para burlarse y si se preguntaban en voz alta que tonterías hacíamos, nunca se preocupaban en realidad por conocer la respuesta.

Encontré a Morena llorando, hecha un ovillo en una esquina. Estaba temblando y no dejaba que la tocaran, aunque mis compañeros la trataban de calmar.  Jöel me miró y me lo dijo. 

– "Ella soltó al león para poder escapar, pero nunca quiso  . . .  tu sabes."

Me acerqué a ella y Morena me abrazó, muy fuerte. 

– "Perdón, perdón, perdón." – es lo único que podía decirme. Yo no sabía qué hacer, menos que decirle así que solamente la abracé también, hasta que finalmente se calmó aunque creo que fue más porque estaba muy cansada.  Todos estábamos muy cansados.

No pude decirle nada, decirle que no la culpaba aunque lo quería decir, solo dije:

– "Debemos dormir un poco todos, vamos a movernos por la noche. El Colegio no querrá actuar por la noche."

Era difícil ver en una noche sin ninguna luz prendida en la isla, pero pude ver como en suelo en el lote en construcción tembló y se partió y Lagarto salió entre la tierra removida. Se me acercó y me dijo:

– "Soy viejo y tengo mis patas muy lastimadas ya, pero no voy a dejar de ayudarte porque tú me salvaste cuando yo estaba indefenso."

Otros lagartos gigantes salieron de la tierra y escuché como Lagarto les daba instrucciones para ayudarnos en la batalla.  Se acercaron a nosotros y se agacharon para que pudiéramos subir a sus lomos.  Le di las gracias a Lagarto y subí al que estaba más cerca de mí, mis compañeros hicieron lo mismo.  Salimos montando hacia el centro de la isla.

Antes de llegar al centro escucho que dicen mi nombre, nos detenemos en una calle comercial abandonada hace mucho tiempo. Bajo del Lagarto y le pido que por favor espere.  Mis compañeros hacen lo mismo y me siguen a corta distancia. 

Estoy frente a un viejo Edificio, que reconozco finalmente a pesar del letrero de cerrado en su puerta de cristal y a los maniquís desnudos y llenos de polvo que asoman por las dos ventanas del segundo piso.

– "Hola viejo amigo," – le digo mientras toco su pared gris oscuro – "estabas dormido todo este tiempo ¿verdad?"

A edificio le cuesta trabajo encontrar las palabras, ha pasado mucho tiempo desde que habla con alguien – "Tu me salvaste de ser escombro, te debo muchos años. Voy a pelear contigo ahora."

El suelo empieza a temblar, los cimientos empiezan a emerger, y cuatro columnas se convierten en las patas de Edificio.  Me da un poco más de esperanza tener otro aliado con la fuerza de edificio, pero no se si es suficiente, aún con él y los lagartos lo que nos espera es muy difícil, después de todo ellos tienen a los cuatro Jinetes del mundo de su lado. 

Basado en un sueño que tuve el 5.01.13.

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